Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de diciembre de 2016

EN MEDIO DE LA BATALLA. REFLEXIONES RÁPIDAS SOBRE LA FRONTERA. Por Walther Sierra

EN MEDIO DE LA BATALLA. REFLEXIONES RÁPIDAS SOBRE LA FRONTERA. Por Walther Sierra

-.1.-
Vivir de la ilegalidad parece ser el día a día de la frontera. Sin importar si se viste rojo, blanco, verde, anaranjado, amarillo, azul. Sin importar si es civil o militar. Sin importar si es trabajador público -entiéndase "del gobierno"- o privado. La sociedad de cómplices en la frontera no distingue entre unos y otros, allí todos se encuentran en un "objetivo común", LA ILEGALIDAD.

-.2.-
En algunos casos, esa ilegalidad trata de justificarse como una "acción de sobrevivencia", en otros es evidente que no es más que mera ambición. En ambas circunstancias la ideología preponderante es la que impone el dinero.

-.3.-
Las mafias manejan el dinero, ergo, las mafias imponen la forma de vivir, pensar, actuar. Conscientes o inconscientes de lo que realmente pasa, como victimas o como victimarios, muchos habitantes de frontera participan a diferentes niveles en la espiral de ilegalidad del "negocio fronterizo".

-.4.-
Los conceptos de Soberanía e Identidad Nacional, con todas las implicaciones que los mismos tienen en el ámbito político, social, cultural y por supuesto en lo económico, son anulados por vía de la "ideoligización" impuesta por las mafias y el dinero a los pueblos de frontera. El desarraigo a La Patria es una de las mas graves consecuencias.

 -.5.-
La débil presencia del Estado Venezolano en frontera sin duda ha contribuido a que la ilegalidad, se adueñe de los espacios que por naturaleza deberían ser ocupados por instituciones realmente fuertes. La presencia no sólo se reclama para atender lo económico y lo político como ejes fundamentales, sino también para atender lo social (que va más allá de un CDI y un mercado) y quizá lo más importante, para atender el hecho cultural como acción transformadora del los pueblos. Sólo así podremos rescatar nuestra Identidad Nacional en la frontera, para el resguardo de la Soberanía de nuestra Patria, dando cuerpo y vida a aquello que nuestro Comandante Chávez llamó Defensa Integral de la Nación.

-.6.-
Es necesario abrazar a nuestros compatriotas que viven en la frontera, hacerlos sentir venezolanos nuevamente, devolverles la identidad perdida, recordarles que somos familia, que somos hermanos porque somos hijos de Bolívar, que son la primera línea de defensa la Patria, pero también el primer rostro de la VENEZOLANIDAD. Enseñarles de nuevo a bailar bambucos, valses, polkas, contradanza, merengue campesino (que no es carrilera) y demás ritmos tachirenses y por supuesto que se pongan las alpargatas porque también hay que bailar joropo o que se las quiten porque hay que bailar tambor. Recordarles como hablamos y "garlamos" los tachirenses incluyendo la versatilidad de la palabra "Toche", así como nos lo recuerda el profesor Giomar Caminos en su librito PARA UN GLOSARIO DEL HABLA TACHIRENSE.

-.7.-
Somos venezolanos, asumamos y hagamos lo que debemos hacer, con respeto por los pueblos hermanos pero sin dejar de lado nuestra Identidad de Pueblo Patriota, de Pueblo Libertador que defiende el suelo de la Patria como lo hizo Cipriano, ese gocho, pequeño de estatura pero grande en sus convicciones, que le plantó la cara a los imperios y defendió nuestro honor.
¡Estamos a tiempo!
¡Ole no se me hagan los toches!

¡Vamos hala!

Walther Sierra
@WALTHERSM1

Foto nombre original: Vista desde el Mirador Cristo Rey
La foto pertenece a: Greicy
Enlace original: http://www.panoramio.com/photo/33419334

lunes, 6 de junio de 2016

CULTURAS NACIONALES Y ESCUELA Por Gustavo Villamizar

CULTURAS NACIONALES Y ESCUELA

Gustavo Villamizar D.

El cuento de la globalización o la mundialización, la posibilidad de conectarnos con pueblos y culturas de otras latitudes, lejanas, desconocidas, sorprendentes, que parecen haber hecho realidad los sueños de Marco Polo y otros grandes navegantes en su ansia de conocer y acercar diversas culturas con sus señales singulares, ha venido acompañado de un desarrollo sin precedentes de lo que se denomina la “industria cultural”. Una poderosa avalancha de información, música, moda, productos de entretenimiento, juegos, películas, videos, literaturas menores y otros más, como el fast food, la vida light, el ritual del cuerpo y los patrones de belleza, el consumismo y la frivolidad, conceptuada por muchos como la punta de lanza de la occidentalización del mundo y definida por Vargas Llosa (2012), a través del título de uno de sus libros, como la “Civilización del Espectáculo”, cuya característica fundamental es el entretenimiento como valor supremo, en la que divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal.

En medio de tales realidades, que en últimas no son otra cosa que la imposición de los valores del capitalismo, se desenvuelve nuestra cotidianidad y por supuesto, la escuela. Bajo estas influencias, cada vez mayores, llegan nuestros muchachos a la institución y ella en su perplejidad ante tan novedosas circunstancias, simplemente replica tales influjos, sin más. Parece que no hay fuerza, ni base pedagógica  y tampoco voluntad para revertir esta agobiante influencia que pesa tanto en lo actitudinal y en los factores conformantes de la personalidad y la ética de niños y jóvenes.

La sociedad y las instituciones (familia, escuela, medios de comunicación, etc.) son responsables de la formación de los ciudadanos, procurando atención a las diversas áreas que comprenden su desarrollo integral. Una de ellas es la relativa a los saberes de la nacionalidad y el acercamiento a las culturas nacionales, a partir de las cuales se forja el conocimiento del país, su historia, sus gentes, bellezas naturales,  riquezas,  su estima, valoración y  arraigo a la tierra. En nuestras instituciones educativas es poco lo que se hace en este sentido, algunos proyectos que se han activado se cumplen a regañadientes,  sobre todo en el sector privado y por supuesto, sin la intervención de la supervisión escolar.

El tapiz cultural venezolano es de tal manera diverso y fascinante que puede considerarse casi inagotable. Mientras el mundo asiste a un debilitamiento de la industria cultural marcado por la repetición, el reciclaje y la carencia de innovaciones,  constituimos un auténtico reservorio de culturas con cualquier cantidad de matices, algunas prácticamente vírgenes, incontaminadas y es a toda vista inexcusable que nuestro sistema educativo tenga tan poco que ver con ellas. A nuestro derredor hay una fuente casi inextinguible de manifestaciones culturales cargadas de un maravilloso mestizaje por lo cual resultan absolutamente singulares e impactantes.

Nuestros centros educativos deben convertirse en focos, sedes, ambientes de las ricas culturas nacionales con toda su diversidad y plenitud, convertidos en elementos de contención ante la asimilación sumisa, casi natural de los factores repetitivos, sin calidad ni sorpresa, que nos presenta a diario la industria del espectáculo. No se trata de cerrarse a lo de afuera, sino de conocer, valorizar y fortalecer  lo nuestro para confrontarlo en un diálogo fructífero con lo  foráneo, como vía para no sucumbir ante la frivolidad y las manifestaciones prefabricadas, plenas de luces, utilería y efectos que caracterizan la cultura de la frivolidad.  

domingo, 17 de abril de 2016

EDUCACIÓN Y NACIONALIDAD (Gustavo Villamizar D.)

Les dejo con este Artículo del Profesor Gustavo Villamizar, publicado hoy 17 de abril en el Diario La Nación.

EDUCACIÓN Y NACIONALIDAD

Gustavo Villamizar D.

La sociedades han encomendado a la  educación  diversos objetivos y responsabilidades, algunos de los cuales considerados connaturales y aun inmodificables, como la conducción del niño a la vida ciudadana según los fines establecidos por esas sociedades. La educación en todos sus espacios y vías compromete procesos, imperceptibles los más,  que contribuyen a moldear, a generar saberes y valores que seguramente marcarán su acción ciudadana. Digo educación y no escuela porque aquella es universal, extendida por todos los ámbitos sociales y el sistema escolar es apenas un pasaje en la vida. Digo educación porque ella corresponde a la sociedad, al colectivo, a sus instituciones, unas más que otras, aunque la escuela tenga la mayor implicación.

La sociedad y la escuela en particular, tienen gran responsabilidad en lo que corresponde a la conexión del educando con su entorno, su manera de ser y vivir, sus creencias, religión, usos, costumbres y por supuesto, con el conocimiento de su territorio y su historia. Son muchos los textos que consagran tales fines a la educación como nuestra Constitución, la Ley de Educación y la Declaración Universal de los Derechos del Niño, la cual en sus artículos 28 y 29, insiste en el derecho a la educación y establece que ella debe “inculcar en el niño el respeto por sus padres, por su identidad, su lengua y sus valores culturales, así como el respeto por los valores nacionales del país en el que vive, de su país de origen y por civilizaciones distintas a la suya”. De manera que resulta una obligación de la familia, en primer término, la escuela con dedicación especial, los medios de comunicación, las iglesias, las asociaciones e instituciones, contribuir a la difusión de sólidos valores relativos a la nacionalidad, aupando su respeto, su cultivo y sobre todo, el orgullo por los elementos particulares y singulares de la cultura propia que nos hacen ser únicos en el planeta y diferentes de los demás, a quienes igualmente, debemos respetar.

Siento que resulta de gran relevancia insistir en este papel de la educación y la escuela en particular, en momentos en que los grandes conglomerados de la comunicación, interesados en difundir un supuesto borrón de las fronteras en medio de una sensacional globalización del consumo y el “éxito”. Nos van haciendo ver lo propio como pintoresco, atrasado, arcaico, feo y hasta vergonzante, en medio de la visión perpleja de los nuevos paraísos de hierro, cemento y tecnologías encandilantes. Se impone revalorizar nuestra mirada de pueblos emergentes con naturalezas imponentes, bellezas indescriptibles, sorprendente diversidad, colosales riquezas naturales, gente que sonríe, sueña y lucha  y una historia de libertad y dignidad definitivamente enorgullecedora.

Participar de la globalización, ser universal, no es renunciar o denigrar de lo propio, local, cercano, asumiendo culturas, lenguas y modos de ser de lejanas tierras, como a veces se cree. La globalización, no es un proceso en el que lo local se funde en un mundo único, homogéneo, de costumbres, valores,  creencias y quehaceres similares. Es lo particular lo que enriquece el abanico de lo global, son los matices, los elementos distintivos los que aportan la diversidad y su riqueza inagotable. Una sociedad en la que todo sea igual, será sin término de duda, una sociedad menguada en lo humano y hasta en lo divino, porque todos creerán y profesarán las mismas verdades.

De manera que la cuota de la escuela en la lucha por mantenernos distintos, diferentes, respetando lo diverso de los demás y haciendo respetar los nuestros, está en eso precisamente, en cultivar los casi inagotables matices y formas de nuestras culturas, valores, visiones y haceres, garantía fundamental del destierro del pensamiento único y la pretendida “cultura universal”. ¿Difícil? Sí, ¿laborioso y exigente? También. Pero sobre todo gratificante, como debe ser todo lo que se haga en la escuela.

“No hay globalidad que valga sin localidad que sirva”. Carlos Fuentes.